miércoles, 10 de septiembre de 2014

Sólo podíamos caer

THE LEFTOVERS - Primera temporada


¡Peligro! ¡Spoilers sueltos!





Ha terminado ya la primera temporada de The Leftovers, el regreso de Damon Lindelof a la televisión, acompañado de Tom Perrotta (escritor de la novela que adapta la serie) y de la mano de la sacrosanta HBO. 10 capítulos en los que la serie ha pasado de ser una ficción tibia, simplemente correcta, incluso algo superficial, a convertirse en un drama de personajes con tintes de thriller psciológico y de fondo calado humano. Abundan en estos tiempos de crisis de las sociedades occidentales muchos productos audiovisuales sobre el advenimiento del Apocalipsis, ahí están, por ejemplo, The Walking Dead, la serie más vista de la televisión americana, o The Strain, uno de los estrenos de verano que más ruido ha generado. Sin embargo, el colapso que presenta The Leftovers es de otro tipo, más interno que externo. Frente a la llegada de elementos (o seres) externos que hacen explotar las costuras de la sociedad, en la serie de Lindelof, es la desaparición de una parte de esa sociedad la que causa el colapso del sistema. Del sistema moral, sobre todo.

Pero los problemas de esa civilización enferma no surgieron tras “el incidente”. Los problemas, como nos dijo el 1x09, cínicamente titulado The Garveys at their best, estaban ahí, quemando el interior de unas almas en suplicio. Los protagonistas de The Leftovers ya estaban precipitándose contra el vacío antes de que parte de sus seres queridos los dejaran atrás, de que parte de la humanidad se volatilizara ante sus ojos. Estaban derrumbándose por dentro. Convertirse en los restos del mundo simplemente exteriorizó sus problemas y eliminó cualquier posibilidad de control de daños. Lo que eran pequeños dramas individuales se convirtieron en un gran drama colectivo sobre una sociedad aturdida que no sabe ni quién, ni qué está haciendo ni hacia dónde se dirige. En este nuevo mundo, igual en apariencia al nuestro, pero más echado a perder, en esta ligera distopía, las sectas y los líderes mesiánicos crecen como setas. Frente a la gente que no puede recordar, que no puede afrontar su dolor, están los que no pueden olvidar, los que no pueden liberarse del mismo. El espacio público pasa a convertirse en un campo de batalla en el que la comunicación ha dejado paso a la confrontación, a la ira.

The Leftovers ha terminado convirtiéndose en una serie relevante porque ha sabido crear una galería de personajes interesantes, los ha tratado con respeto, intentando que sean ellos mismos los que se juzguen a sí mismos, y no sus creadores o nosotros, los espectadores. Efectivamente Lindelof y compañía han creado un poderoso drama de personajes, en el que los misterios no importan lo más mínimo. Es una serie sobre el dolor y el miedo. El dolor de vivir y el miedo a vivir. Maneja temas terribles con tacto, con una elegancia visual digna de ser reconocida, con un reparto muy bien escogido, y con unas tramas bien hiladas, salvo quizás la del hijo del protagonista, las mujeres asiáticas y el hombre de los abrazos. Es cierto, eso sí, que en la primera mitad de la temporada, la serie adolecía de dirección, de empuje, y que sólo el sensacional tercer capítulo (Christopher Eccleston lo bordó), y las secuencias de arranque de los episodios, nos mostraron que estábamos ante una serie a tener en cuenta. Ante un gran drama de HBO.

Pero no es menos cierto que en la segunda mitad sólo falló un capítulo, el séptimo, de mera transición. El sexto, el capítulo embotellado de Nora en NYC, es, de hecho, mi favorito. Juega a su favor que Nora es el personaje que más me interesa, que más me quema en las manos, con el que me puedo identificar más. También juega a su favor, claro, que Carrie Coon es un vendaval de carisma, fuerza y dotes interpretativas. Desde luego la revelación de la serie. Esta mujer tiene un gran futuro por delante. Puede llegar a ser una gran actriz. Puede llegar a comerse el mundo. Por su parte los tres últimos (Ann Dowd está extraordinaria en el 1x08), cargaron de matices al protagonista de la serie, interpretado con mucha solvencia y presencia por Justin Theroux, y a su familia, sobre todo a su mujer, una fantástica Amy Brenneman. Entre ensoñaciones y flashbacks buceamos en sus almas, en sus relaciones, en sus espirales de autodestrucción. Al final la serie enfocó al desgarro. Y ese desgarro que se produjo el día en que el 2% de la población desapareció terminó degenerando en ese final cuasi-apocalíptico entre llamas y muerte que no presentó el 1x10, The Prodigal Son Returns, una especie de viaje catártico para el protagonista a través de su propia mente. Al final, cuando todo va a la deriva, lo único que nos espera es el caos, el lobo es un lobo para el hombre, el odio, la rabia. Tiene esta season finale 6 minutos finales de una belleza que recuerda ligeramente al cine de Terence Malick. Con ese trágico monólogo de Carrie Coon, tras arrancar con el plano más letal de la serie hasta el momento, esa reunión familiar de plástico. Pero al final, tras tanta destrucción, nos regalan un rayito de esperanza, con ese bebé, con esa frase final de Nora: “Look what I found”. 

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