lunes, 12 de mayo de 2014

When you play the Game of Bitches, you win or you die

REVENGE - Tercera temporada


Divarraca del culebrón actual

Las historias bíblicas siempre nos han dado mucho juego (y han servido referencia) tanto en el ámbito de la cultura como en la vida en general. Una de las más conocidas, y más fascinantes, es la historia de Lázaro, al que Jesucristo resucitó diciéndole la famosa frase de “levántate y anda”*. Algo así es lo que ha hecho Sunil Nayar con el culebrón de prime-time creado por Mike Kelley, Revenge, en su tercera temporada. Nayar, que tomó los mandos de la serie tras el abandono de Kelley, que se negaba a seguir produciendo temporadas de 22 capítulos, ha logrado resucitar a una muerta. Tras la debacle que fue la segunda temporada de Revenge, Iniciativa mediante, tomó la sabia decisión de seguir moviéndose en círculos para ir directo al meollo de la serie: la venganza de Emanda. El primer tramo de la temporada, es decir, hasta la esperada boda que nos anunciaba el flashforward de la premiere, fue una vuelta a las esencias. A los duelos de perras entre Emanda y Queen Victoria. A los secretos y mentiras. Al ajuste de cuentas. A lo personal. El segundo tramo no se confirmó con eso, con recuperar la Revenge que nos ganó con sus giros locos y sus miradas asesinas en su primera temporada. En su segundo tramo Revenge pisó el acelerador. A fondo.

Esta serie está cimentada sobre la guerra, más o menos encubierta, entre sus dos protagonistas, la heroína vengativa, frente a la mala manipuladora. La gracia siempre estuvo en que ni una era realmente buena ni la otra era totalmente perversa. Ambas se movían en una tonalidad de grises casi negros muy divertida. Esa guerra, siempre en el centro de las historias se fue desarrollando a fuego lento, con más escaramuzas que batallas. Tras el fracaso de la segunda temporada, que jugó a transformar a la serie en un high-concept a lo Alias, la guerra entre estas dos bitches ha pasado de ser más de hechos que de miradas. Y la serie ha elevado el vuelo, incluso logrando que Jack tuviera un mínimo de interés y que Daniel se convirtiera en una pieza a tener en cuenta en la partida. Ver a Emily VanCamp y Madeleine Stowe odiándose con la mirada y las frases con doble filo era divertido, pero verlas jodiéndose la vida la una a la otra a cara descubierta lo es aún más. Para el recuerdo iconoclástico del culebrón del S.XXI (vaya conceptaco este) queda la partida de póker a lo American Hustle (3x17). Y como emblema narrativo los minutos finales de la season finale. De ovación por su salvajismo en la recreación en los clichés del género.

Justamente, además de la dialéctica entre dos personajes bastante parecidos en el fondo, como Emanda y Victoria Grayson, el gran acierto de Revenge es coger todos los clichés, dejes y mitos del género culebronesco y usarlos a su favor. Lejos de sentirse culpable por ser un culebrón, Revenge hace una constante apología del género. Como siempre digo, sólo nos ha faltado un ciego que recupere la vista milagrosamente. Eso sí, con la suficiente inteligencia como para ofrecerlo envuelto en un producto bien elaborado. Si Scandal tiene una dirección y un montaje dignos de Chimo Bayo, Revenge, aún siendo (a veces) muy loca visualmente, es una serie con buena factura, incluso con secuencias con soluciones visuales muy interesantes. Y para muestra todas las secuencias fuertes de la season finale, Execution (3x22). También, ha sabido (no siempre, que conste) que un culebrón hoy en día tiene que ser como un tiburón, o avanza constantemente o muere. Danzad, danzad malditos. En los dos últimos capítulos posiblemente pasan más cosas que en los 60 anteriores. Y eso hace que ambos resulten fascinantes de principio a fin. Esa recreación en el peligroso arte de quemar trama como si no hubiese un mañana. Y no morir en el intento. Porque la Revenge que se nos presenta de cara a la cuarta (y esperemos que última) temporada es una guerra abierta que hará del delirio bandera y del “siempre hacia delante” seña de identidad. No por predecibles (casi todos) los cliffhangers finales son menos divertidos, menos graciosos, menos interesantes. Hasta ahora hemos visto los dos primeros tramos de una historia de venganza, a partir de ahora veremos, el desenlace, la guerra total. Si esto fuera Kill Bill (que siempre ha pululado como referencia), podríamos decir que nos queda por ver el capítulo de David Carradine.

* [Spoilers a tropel del final de esta tercera temporada] Obviamente no traigo a colación la referencia a Lázaro sólo para hablar de la recuperación de la serie. La season finale tenía tres grandes explosiones. La totalmente esperada muerte de Aiden a manos de Victoria (¡qué maravilla de secuencia, cuantos jodidos matices le da Stowe a pesar del botox!). La muerte de Conrad a manos de… David Lázaro Clarke, que todos sabíamos desde el inicio que estaba vivo, demasiada cultura culebronesca a estas alturas. Y en tercer lugar, Emanda encerrando a Victoria en un psiquiátrico como esta había hecho con su propia madre, tras la maravillosa secuencia del cementerio. Todo esto en un solo capítulo. Y sin embargo, no resultó nada atropellado. Simplemente un espectáculo pirotécnico de primera, 42 minutos de diversión total. El año que viene nos espera ver cómo saldrá Victoria del atolladero, cómo encajará David en la trama principal y sobre todo ver, si al final de la partida, Emanda consigue derrumbar a la reina, tras el jaque mate al rey de este año. Revenge es esa serie que ha reconocido lo que todos sabemos, que la pieza más  importante del ajedrez es la reina, no el rey.

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