sábado, 24 de mayo de 2014

La belleza del mal

HANNIBAL - Segunda Temporada


Frío y certero como un cuchillo bien afilado


Primero la confesión. A mí en su primera temporada Hannibal me parecía una serie visualmente apabullante e hipnóticamente enfermiza, pero también un poco pesada, errática, oscura pero no tensa. Vamos, para mí Hannibal era una serie buena pero que no me enganchaba, que no acababa de llenarme. Una serie de media tabla. En cambio en esta segunda temporada que terminó en NBC el pasado viernes, creo que la serie ha subido tantos peldaños que este año sí, juega con los grandes dramas que luchan por el título. Más allá de las formas (incluso mejores que las del año pasado), el fondo de la serie ha sido mucho más interesante, ha estado mejor hilado, mejor narrado, llevado con más dirección. Lo que el año pasado era visualmente deslumbrante este año ha sido una experiencia inmersiva total. Ninguna serie explota los límites plásticos de la imagen ni la potencia de los mundos sonoros (más que usar la música, que también, usa el ruido, los sonidos desconcertantes) como la de Bryan Fuller. Ninguna. Hannibal es televisión sensorial. El terror estético llevado a su última consecuencia. Como un Argento pero con una historia potente en su epicentro. Una historia sobre el mal y sobre el miedo a caer en las redes del lado oscuro de la fuerza. El mensaje es: todos llevamos un monstruo dentro.

Hannibal además de ser una serie negra, negrísima, es también una serie amoral, que no inmoral. No es una ficción que gire sobre valores, a veces se esgrime, sobre todo por parte de Jack Crawford (Laurence Fishburne) y Alana Bloom (Caroline Dhavernas), pero se hace sin entrar en el fondo de la cuestión, simplemente porque no se pretende desarrollar un discurso moral. Lo que pretenden Fuller y compañía es echar un vistazo al rincón más oscuro del ser humano, a la vertiente más terrible de la humanidad. Y por eso cuanto más grotescas, desagradables y salvajes se vuelven las fechorías del doctor Hannibal Lecter (Mads Mikkelsen, esa bestia interpretativa), mejor es la serie. Sí lo que pretendes es retratar las tinieblas cuanto más tenebrosas sean tus imágenes y tus historias mejor será el retrato que le ofrezcas al espectador. Tan sencillo como eso y a la vez, tan complicado, tan meritorio.

A partir de aquí, spoilers a gogó
Comenzó la temporada con un cambio obligado de estructura. Si en su primer año Hannibal giraba en torno a Will Graham (Hugh Dancy, fantástico), con este capturado y acusado de ser el destripador de Chesapeake, la serie tuvo que desplazar parte de su foco hacia el propio Dr. Lecter. Y esto obviamente hizo que mejorara, porque por muy interesante que sea Graham (que lo es, y mucho, porque Graham somos en el fondo todos nosotros), el gran personaje de la función es Hannibal, el epicentro del mal, la fuente de todo lo malsano. Estableciéndose así el conflicto entre Will y Hannibal como locomotora de la trama. La historia de dos hombres que intercambian golpes y amagos hasta precipitarse a un punto de no-retorno.

El primer tramo de la temporada se extendió hasta la exoneración de Will (inculpando Hannibal al Dr. Chilton). Y tuvo como cima el sensacional segundo episodio dirigido por Michael Rymer (que también dirigió el penúltimo, la otra joya de esta entrega) que arrancó con la secuencia más tensa que yo he visto en esta temporada televisiva (la persecución) y terminó con la Dra. Bedelia Du Maurier (Gillian Anderson, femme fatale madurita) confesándole a Will que ella sabía que decía la verdad, que no, que no estaba loco. Hannibal era ese monstruo negro de cuernos que él veía. El segundo se caracterizó por ser el del aprendizaje de Will, de cara a convertirse en un nuevo Hannibal, terminando con el asesinato del hombre-criatura que Hannibal mandó para asesinar a Will. Mientras que el tercero, el más asfixiante, el más oscuro, se movió en dos planos enfrentados. Por un lado fue el de la complicidad entre los dos protagonistas, el de la identificación definitiva. Y por otro, desarrolló el plan de Will y Jack para atrapar al buen doctor, con el clan Verger de hilo conductor entre ambos planos. Precisamente fue Mason Verger (monumental Michael Pitt, uno de los actores más turbios del panorama actual) en que nos obsequió, junto a sus cerdos devoradores de carne, los momentos más angustiosos de la temporada.

El punto final fue la hipnótica season finale dirigida por David Slade, en la que las batallas de corte psicológico entre los personajes principales estallaron en una carnicería inundada en sangre. Lejos de la perfección de los planos de Rymer, Slade optó por la recreación en la belleza de la maldad, tirando de demasiada cámara lenta, lo que en los capítulos de Rymer era un festival de recursos en la finale se transformó en mera recreación. El enfrentamiento físico de Hannibal contra Jack, Alana y Will pedía a gritos frenesí, un ritmo acelerado, un montaje salvaje. En cambio Slade optó por la calma. El resultado fue excelente, con planos de una belleza enorme, pero… podría haber sido mejor. Llegados a este punto en el que Hannibal ha sublimado tanto su estilo hasta transformarlo en monumental esteticismo, hay que pedirle que se supere a sí misma. Más allá de eso, fue un capítulo sensacional, de un aire gélido y una atmósfera plúmbea brutales. Al final, en lugar de caer Hannibal en  la trampa, fueron Will y Jack los que cayeron. Cuando miras al mal a los ojos lo único que verás será muerte. Y muerte, sólo muerte es lo que deja Hannibal tras su paso. O más que muerte, dolor. Y sangre. Sabia (y maliciosamente, claro) se cierra el capítulo con Hannibal subido en un avión (¡junto a Du Maurier!, toma giro final) y sus cuatro víctimas (¡Abigail también!) heridas, que no muertas. A Lecter le puede el juego. El amor por el juego psicológico, por enredar a sus víctimas en sus trampas. Le gusta la tensión que le genera sentirse acorralado y el riesgo que entrañan las batallas mentales con jugadores a su altura… o casi.

La tercera temporada debería ser la de la cacería, ya con todas las cartas sobre la mesa, con Hannibal como enemigo público número 1 que va dejando cadáveres por dónde pasa y con sus perseguidores oliéndole la nuca. Y la gracia estará en que no se sabrá quién es la carne de presa, si él o ellos. Como nos deja clara la jugada fracasada de Will y Jack, cuando intentas capturar al mal absoluto tienes que estar dispuesto a corromperte absolutamente. Así de duro, así de terrible.

4 comentarios:

  1. Esta temporada ha sido magnífica, no sentí que ningún capítulo estuviera desperdiciado, y ese final la verdad que me impactó demasiado. A las series les está gustando hacer "Bodas Rojas" para dejar al espectador mal. No creo que ni Jack ni Abigail sobrevivan: desangrándose por heridas en el cuello. En cambio, Will y Alana creo que tienen más probabilidades. Eso sí, no entendí del todo para qué dejar a Abigail viva todo este tiempo si al final la va a matar de cualquier forma. Un poco excesivo.

    Buen análisis, saludos!

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    1. Sí, lo de Abigail les quedó flojito... es un personaje muy interesante y no lo han exprimido. Abigail morirá, y de los otros 3 lo lógico sería que muriera 1. Descartando a Will está entre Jack y Alana, una pena porque son ambos personajes que aún pueden dar de sí, y sobre todo si muere Jack implicará la ruptura entre la serie de Fuller y los libros.
      Sí las series le han cogido gustillo a eso de reventar sus estructuras reventando a sus personajes y las relaciones entre estos jajaja

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    2. Ya tiene más de una ruptura con el libro, ej: Dr. Frederick Chilton, esperemos a ver con que nos sorprenden. Slds

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    3. Bueno lo de Chilton, Fuller en una entrevista tras la finale lo dejó muy en el aire

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